Menopausia y suelo pélvico: cómo protegerlo y recuperar calidad de vida
El descenso hormonal de la menopausia cambia los tejidos y la función del suelo pélvico. Comprenderlo permite prevenir, intervenir a tiempo y recuperar calidad de vida.

Por Casandra Moliner Acedo. Fisioterapeuta y osteópata en SHOMMA, especializada en salud de la mujer.
Cuando hablamos de menopausia, solemos pensar en sofocos, cambios de humor, alteraciones del sueño o cambios en el peso. Sin embargo, existe otra dimensión de esta etapa que muchas veces permanece en silencio: la salud del suelo pélvico.
Pequeñas pérdidas de orina al toser o hacer ejercicio, sequedad vaginal, molestias durante las relaciones sexuales o una sensación de peso en la zona genital son situaciones frecuentes, pero no deberían asumirse como una consecuencia inevitable de cumplir años.
El descenso hormonal que acompaña a la menopausia produce cambios fisiológicos en los tejidos, la musculatura y la función del suelo pélvico. Comprenderlos permite prevenir problemas, intervenir a tiempo y recuperar funcionalidad y calidad de vida.
¿Por qué la menopausia afecta al suelo pélvico?
El suelo pélvico forma parte de un sistema complejo que sostiene los órganos de la pelvis y participa en funciones tan importantes como la continencia urinaria y fecal, la función sexual y la gestión de las presiones abdominales.
Los tejidos de esta zona son especialmente sensibles a los estrógenos. Cuando los niveles hormonales disminuyen, pueden producirse diferentes cambios.
1. Menos colágeno y elasticidad
El descenso de estrógenos puede afectar a la producción y organización del colágeno, especialmente de los tipos I y III, que contribuyen a mantener la resistencia y elasticidad de los tejidos.
La fascia y los tejidos conectivos que ayudan a sostener la vejiga, el útero y el recto pueden perder parte de su capacidad de respuesta. Además, los tejidos vaginales pueden volverse más finos, menos hidratados y menos vascularizados.
2. Síndrome genitourinario de la menopausia
El descenso de estrógenos también modifica el entorno vaginal. Puede producirse una reducción de los lactobacilos y cambios en el pH vaginal, además de modificaciones en la mucosa y en la vascularización.
Esto puede relacionarse con síntomas como:
- Sequedad vaginal.
- Ardor o irritación.
- Molestias durante las relaciones sexuales.
- Cambios en la elasticidad vaginal.
- Mayor predisposición a determinados problemas urinarios.
El denominado síndrome genitourinario de la menopausia (SGM) puede afectar directamente al bienestar, la sexualidad y la calidad de vida.
3. Pérdida de fuerza y capacidad de respuesta
El envejecimiento y los cambios hormonales también pueden acompañarse de una disminución de masa y función muscular. El suelo pélvico no es una excepción.
No se trata únicamente de tener músculos fuertes, sino de que sean capaces de responder correctamente y en el momento adecuado ante un aumento de presión: toser, correr, saltar, levantar peso o simplemente realizar un movimiento cotidiano.
¿Qué síntomas pueden aparecer?
Cuando la musculatura y los tejidos de soporte pierden capacidad de respuesta, pueden aparecer diferentes manifestaciones.
Incontinencia urinaria de esfuerzo. Son las pérdidas involuntarias de orina que aparecen al toser, estornudar, reír, correr, saltar o levantar peso.
Urgencia urinaria y vejiga hiperactiva. Se caracteriza por una necesidad repentina y difícil de controlar de orinar. Puede existir más de un factor implicado, y los cambios genitourinarios asociados a la menopausia pueden contribuir.
Prolapso de órganos pélvicos. Se produce cuando las estructuras que sostienen los órganos pélvicos pierden capacidad de soporte. Puede afectar a la vejiga, el útero o el recto. Algunas mujeres describen una sensación de peso, presión o bulto en la zona vaginal.
Alteraciones de la función intestinal. El suelo pélvico también participa en la defecación. Determinadas alteraciones pueden relacionarse con dificultad para evacuar, sensación de vaciado incompleto o estreñimiento.
Ante cualquiera de estos síntomas, una valoración profesional permite determinar qué está ocurriendo y qué estrategia es la más adecuada.
El suelo pélvico no trabaja solo
Una de las claves para entender su funcionamiento es dejar de verlo como un músculo aislado. El suelo pélvico trabaja coordinadamente con el diafragma torácico, la musculatura abdominal profunda y el resto del sistema musculoesquelético.
Por eso, en fisioterapia, uno de los objetivos fundamentales es mejorar la gestión de las presiones dentro del abdomen.
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Quiero saber másRespiración, movimiento y presión
Cuando realizamos un esfuerzo, aumenta la presión intraabdominal. Una mala estrategia respiratoria o una excesiva rigidez abdominal pueden hacer que esa presión se dirija hacia el suelo pélvico.
La reeducación busca recuperar una coordinación adecuada entre respiración, abdomen y suelo pélvico. Esta coordinación permite que el cuerpo responda de manera automática y eficiente ante los esfuerzos cotidianos y deportivos.
El llamado “efecto pistón”
La respiración y el movimiento del diafragma torácico participan en la regulación de las presiones internas. Aprender a coordinar la respiración con el esfuerzo puede ayudar a mejorar la respuesta del suelo pélvico durante actividades como levantar peso, incorporarse o realizar ejercicio.
Por eso, respirar bien también es parte del entrenamiento del suelo pélvico.
Fuerza: una aliada durante la menopausia
La menopausia no debería convertirse en una razón para dejar de entrenar. Todo lo contrario.
El entrenamiento de fuerza es una herramienta fundamental para preservar la masa muscular, la capacidad funcional y la salud ósea durante esta etapa.
Pero no se trata simplemente de levantar peso. La clave está en aprender a movernos correctamente, gestionar las presiones y adaptar las cargas a las necesidades de cada mujer. Una buena estrategia de ejercicio puede formar parte de un programa global de prevención y longevidad.
Movimiento y estimulación del suelo pélvico
El suelo pélvico necesita movimiento. La estimulación mediante ejercicios específicos y diferentes estímulos de movimiento puede favorecer la activación muscular y contribuir a mantener la función y la vascularización de los tejidos.
El objetivo no debería ser realizar contracciones de manera repetitiva y monótona, sino aprender a sentir, activar, relajar y coordinar esta musculatura dentro del movimiento global del cuerpo. La conciencia corporal es una herramienta fundamental.
¿Y la aparatología?
En determinados casos, algunas tecnologías pueden formar parte del abordaje fisioterapéutico. Entre ellas se encuentra la radiofrecuencia o terapia Tecar, utilizada en determinados contextos para trabajar sobre la circulación y el trofismo de los tejidos.
Su utilización debe formar parte de una valoración individualizada y no entenderse como un tratamiento aislado o universal. La tecnología puede ser una herramienta. La valoración profesional es la que determina cuándo, cómo y para quién tiene sentido utilizarla.
La prevención empieza por conocerse
Probablemente, uno de los pasos más importantes sea aprender a escuchar el propio cuerpo. Una valoración profesional del suelo pélvico puede ayudar a identificar:
- Cómo funciona la musculatura.
- Cómo gestionamos las presiones.
- Cómo respiramos durante el esfuerzo.
- Si existe debilidad o exceso de tensión.
- Cómo están funcionando los hábitos urinarios e intestinales.
- Si existen alteraciones que requieren tratamiento.
- Qué tipo de ejercicio es adecuado para cada mujer.
Y junto con la valoración, los hábitos cotidianos tienen un papel esencial. La gestión del estreñimiento, los hábitos miccionales y defecatorios, la higiene íntima, la actividad física, el descanso y la gestión del estrés forman parte de una estrategia integral de salud.
No hay que esperar a que aparezca un problema
Una de las grandes oportunidades de la menopausia es precisamente anticiparnos. No necesitamos esperar a tener pérdidas de orina, dolor o un prolapso para empezar a prestar atención al suelo pélvico.
La prevención permite conocer cómo funciona nuestro cuerpo, detectar posibles alteraciones y aprender estrategias para mantener la función a largo plazo. Y si ya existe una lesión o una patología, es importante realizar una rehabilitación adecuada, antes o en paralelo a cualquier programa preventivo.
El objetivo no es dejar de movernos. Es aprender a movernos mejor.
La menopausia es una etapa de transformación. Y cuidar el suelo pélvico es también cuidar nuestra autonomía, nuestra sexualidad, nuestra actividad física y nuestra calidad de vida.
Sobre la autora
Casandra Moliner Acedo. Fisioterapeuta y osteópata especializada en salud de la mujer.
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