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Longevidad femenina24 de agosto de 20269 min lectura

El músculo es longevidad: por qué proteger tu masa muscular después de los 40

Después de los 40, el músculo se convierte en una de nuestras principales reservas de salud. Descubre por qué preservar masa, fuerza y función muscular es clave para la longevidad femenina, el metabolismo, los huesos y la autonomía.

Por SHOMMA Healthspan Center
Mujer preparándose para levantar una barra en el gimnasio con el titular El músculo es longevidad: por qué proteger tu masa muscular después de los 40

Durante mucho tiempo hemos asociado el músculo con la estética, el peso o el rendimiento deportivo. Pero después de los 40, la conversación debería ser otra.

El músculo es una de nuestras principales reservas de salud. Nos permite levantarnos de una silla, subir escaleras, cargar una maleta, mantener el equilibrio, proteger nuestros huesos y conservar nuestra autonomía. Y, además, participa activamente en nuestra salud metabólica.

Con el paso de los años, la masa y la fuerza muscular tienden a disminuir. Este proceso puede acelerarse durante la transición menopáusica, en un contexto de envejecimiento, cambios hormonales y modificaciones de la composición corporal.

Por eso, la menopausia no es el momento de empezar a cuidar el músculo. Es el momento de entender por qué ya deberíamos haber empezado.

No es solo cuánto pesas. Es de qué estás hecha

La báscula puede decirnos cuánto pesamos, pero no cuánto músculo tenemos, cómo funciona ese músculo o qué capacidad tenemos para movernos y responder ante un esfuerzo.

Dos mujeres con el mismo peso pueden tener composiciones corporales y capacidades físicas completamente diferentes.

Por eso, en longevidad hablamos cada vez más de composición corporal, fuerza y función, y no únicamente de peso.

El objetivo no debería ser simplemente «pesar menos». Debería ser conservar la capacidad de vivir como queremos durante más años.

¿Qué ocurre con el músculo durante la menopausia?

La pérdida de masa y fuerza muscular forma parte del envejecimiento, y puede verse influida por cambios hormonales, menor actividad física y una ingesta insuficiente de energía o proteínas, entre otros factores.

Esto tiene consecuencias que van mucho más allá de la estética. Menos músculo puede significar:

  • menor fuerza
  • menor capacidad funcional
  • peor equilibrio
  • mayor dificultad para realizar determinadas actividades cotidianas
  • mayor vulnerabilidad ante caídas y pérdida de autonomía

Y aquí aparece una palabra fundamental para SHOMMA: healthspan. No queremos únicamente aumentar los años de vida. Queremos aumentar los años en los que podemos vivir con salud, autonomía, fuerza y capacidad funcional.

La fuerza es una inversión, no un castigo

El entrenamiento de fuerza es una de las herramientas más importantes para preservar masa y función muscular. La evidencia disponible en mujeres menopáusicas muestra que el ejercicio puede mejorar la masa corporal magra y diferentes medidas de fuerza, y que el entrenamiento de resistencia tiene un papel especialmente relevante.

Además, el entrenamiento de fuerza beneficia también al hueso. Organizaciones como ACOG recomiendan el ejercicio de fuerza y los ejercicios con carga de peso como parte del cuidado de la salud durante y después de la menopausia.

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Por eso, levantar peso no debería entenderse como algo reservado a deportistas. Es una herramienta de prevención.

El músculo también habla de metabolismo

El músculo es uno de los principales tejidos implicados en la utilización de glucosa y en el metabolismo energético. Por eso, conservar una buena masa muscular forma parte de una estrategia más amplia de salud metabólica, especialmente cuando con la edad cambia la distribución de la grasa corporal y aumenta la tendencia a acumular grasa visceral.

Y esto cambia también la manera de abordar el peso. En lugar de preguntarnos únicamente «¿cómo puedo perder peso?», podemos empezar a preguntarnos: «¿cómo puedo perder grasa sin perder músculo?». Es una diferencia pequeña en la frase, pero enorme en la estrategia.

¿Y qué papel tiene la proteína?

La alimentación también importa. Una ingesta adecuada de proteínas, junto con ejercicio de resistencia, forma parte de las estrategias utilizadas para mantener la función muscular con el envejecimiento. Sin embargo, las necesidades individuales dependen de factores como edad, actividad física, composición corporal, alimentación y situación clínica.

Por eso, no se trata de copiar la dieta de otra persona ni de empezar a tomar suplementos sin valoración. Se trata de saber qué necesita tu cuerpo.

No esperes a perder fuerza para empezar a recuperarla

Una de las grandes ventajas del músculo es que responde al estímulo. Incluso cuando ya ha comenzado una pérdida de masa o fuerza, el ejercicio de resistencia puede mejorar la capacidad muscular. Una revisión de ensayos clínicos en mujeres menopáusicas encontró beneficios del ejercicio sobre masa magra y fuerza, especialmente con programas de resistencia mantenidos en el tiempo.

La clave está en la progresión, la técnica y la constancia. No necesitas entrenar como una atleta. Necesitas entrenar de acuerdo con tu cuerpo, tu historia y tus objetivos.

Tu músculo es parte de tu libertad futura

Quizá esta sea la idea más importante. El músculo no se trata únicamente de tener unos brazos más definidos o una cintura determinada.

Se trata de poder seguir viajando. De levantarte del suelo. De subir escaleras. De jugar con tus hijos o tus nietos. De llevar tus propias maletas. De mantener tu equilibrio. De tener la fuerza necesaria para recuperarte después de una enfermedad, una lesión o una cirugía.

El músculo es capacidad. Y la capacidad es autonomía. Por eso, cuidar la masa muscular a partir de los 40 no es una cuestión estética. Es una decisión de longevidad.

En SHOMMA creemos en una longevidad que se pueda vivir

La prevención no consiste en esperar a que aparezca un problema para actuar. Consiste en conocer cómo estás hoy, identificar qué está cambiando y construir una estrategia antes de que la pérdida de capacidad se convierta en una limitación.

Músculo. Hueso. Metabolismo. Hormonas. Sueño. Nutrición. Salud emocional. Todo está conectado. Y cuanto antes empecemos a cuidar nuestra reserva de salud, más posibilidades tendremos de llegar a las siguientes décadas con algo mucho más valioso que una cifra en la báscula: fuerza para seguir viviendo nuestra vida.

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